Cuento de angeles
Botas negras de vestir, jeans Levis, una clásica chomba de Fred Perry. Estaba listo.
Fui a buscar a mi chica, Tatiana. Un ángel entre el cemento, eso era ella. Tenía ojos verdes muy claros y grandes, con la tés clara pero cálida y el pelo tan rubio como el oro mismo.
Un ángel por su increíble bondad, quizá por eso es que me enamore y la perseguí embriagado en su persona, hasta que por fin eh llegado a salir ya dos veces con ella, y hoy serán tres.
Baje del colectivo y comencé a caminar, el barrio de mi ángel es una perdición. El hedor a basura, las calles desgastadas, los proyectos sin concluir, los perros como chacales flacos por doquier, y la penumbra que transpira humedad. Se ven posters arrancados de la pared de campañas electorales y estoy seguro que ninguna de esa gente que piensa gobernar aquí, alguna vez en toda su vida haya pisado estos caminos que transito yo.
cuentos de angeles
Me pose sobre el maple de timbres del buen edificio donde ella vivía, que por alguna razón el verlo me hace pensar en un flamante lugar de reunión para tangueros en un tiempo pasado, o quizá su tono a París es que me gusta. Su timbre es el 4D.
Me pose sobre el maple de timbres del buen edificio donde ella vivía, que por alguna razón el verlo me hace pensar en un flamante lugar de reunión para tangueros en un tiempo pasado, o quizá su tono a París es que me gusta. Su timbre es el 4D.
cuentos de angeles
- ¡Enseguida bajo! - dijo Tatiana con su voz un tanto aniñada.
- Javier... - dijo mi nombre por mi espalda.
- ¡Mi Ángel! - le sonreí con un beso en la cara.
Tatiana estaba vestida para matarme, con unos jeans bordo muy apretado, unos borceguíes y una remera de joy división. Con el maquillaje suave y un perfume que me atravesaba la cabeza y me la fracturaba en dos. Me convertía en un animal, porque no podía dejar de ver con lujuria sus senos.
- ¡Enseguida bajo! - dijo Tatiana con su voz un tanto aniñada.
- Javier... - dijo mi nombre por mi espalda.
- ¡Mi Ángel! - le sonreí con un beso en la cara.
Tatiana estaba vestida para matarme, con unos jeans bordo muy apretado, unos borceguíes y una remera de joy división. Con el maquillaje suave y un perfume que me atravesaba la cabeza y me la fracturaba en dos. Me convertía en un animal, porque no podía dejar de ver con lujuria sus senos.
cuentos de angeles
- Te traje un regalo, es para vos...
- ¿Qué es? - me preguntó.
- Es mi libro favorito - dije - "París era una Fiesta" de Hernest Hemingway.
- ¿De qué trata? ¿Querés contarme? - preguntó.
- Es autobiográfico, cuenta sobre sus tiempos en Paris junto a varios otros grandes de la literatura, sobre todo habla de una etapa donde fue muy pobre, pero muy feliz.
- Gracias por este regalo, voy a cuidarlo mucho.
- Es un gran autor, eh leído cada cosa que a escrito y toda su obra es única. Puedo recomendarle a muchos este libro, pero solo a pocos regalárselo. Algún día yo voy a ir a París, porque sé que allá debe de estar lleno de ángeles, como vos, y tengo un deber que hacer.
- ¿Y cuál es ese? - Me pregunto con verdadera duda e ingenuidad.
Mirándome a los ojos con todo el velo de la juventud, sus 19 años aflorados en un ser que irradiaba luz. Me enloquecía el modo en que su mirada yacía. Podría haberle hecho el amor ahí mismo de la lujuria que sentía.
cuentos de angeles
Nos detuvimos y nos besamos con tanta pasión que no pude contener mis impulsos primitivos más carnales. No soy tan joven como ella, aún así el tiempo no me enseño como contener todas mis reacciones físicas ante tal sexualidad como la que teníamos en un solo beso.
- Sé qué hace tan poco nos conocemos... pero creo que te quiero mucho Javier.
- Tengo que decirte algo muy importante sobre mí.
- ¿Vos no me quieres? Preguntó Tatiana.
- ¿Cómo no podría quererte si vos sos mi ángel? - dije. Pero... Pero hay algo importante que debes saber.
- ¿Sobre qué?
- Sobre mí.
- ¿Qué es? ¿Qué puede ser tan importante?
- Que hoy yo vine hasta acá para ver otro ángel caer...
Fue lo último que le dije a mi hermosa Tatiana, antes de hundir la daga en su estómago y verla desplomarse en el suelo de a poco. Perdiendo lentamente ese color de su piel, cerrando sus ojos verdes, volviendo al cielo que salió.
- Adiós mi querida Tatiana, no dudes que te quiero. Pero yo devuelvo los ángeles al cielo - Le susurre a su pálido oído muerto. Tome mi tan preciado libro de sus manos tensas
Y me fui caminando tranquilo hacia la parada del colectivo, porque todavía el sol no va aparecer y tengo dos ángeles más que visitar, dos veces más para reglar el mismo libro. Hasta que me valla a París en mi deber de cazar ángeles.
Nos detuvimos y nos besamos con tanta pasión que no pude contener mis impulsos primitivos más carnales. No soy tan joven como ella, aún así el tiempo no me enseño como contener todas mis reacciones físicas ante tal sexualidad como la que teníamos en un solo beso.
- Sé qué hace tan poco nos conocemos... pero creo que te quiero mucho Javier.
- Tengo que decirte algo muy importante sobre mí.
- ¿Vos no me quieres? Preguntó Tatiana.
- ¿Cómo no podría quererte si vos sos mi ángel? - dije. Pero... Pero hay algo importante que debes saber.
- ¿Sobre qué?
- Sobre mí.
- ¿Qué es? ¿Qué puede ser tan importante?
- Que hoy yo vine hasta acá para ver otro ángel caer...
Fue lo último que le dije a mi hermosa Tatiana, antes de hundir la daga en su estómago y verla desplomarse en el suelo de a poco. Perdiendo lentamente ese color de su piel, cerrando sus ojos verdes, volviendo al cielo que salió.
- Adiós mi querida Tatiana, no dudes que te quiero. Pero yo devuelvo los ángeles al cielo - Le susurre a su pálido oído muerto. Tome mi tan preciado libro de sus manos tensas
Y me fui caminando tranquilo hacia la parada del colectivo, porque todavía el sol no va aparecer y tengo dos ángeles más que visitar, dos veces más para reglar el mismo libro. Hasta que me valla a París en mi deber de cazar ángeles.
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