martes, 2 de junio de 2015

Hoy te vi, pero tú ni siquiera me notaste





EN TUS MANOS

Hoy te vi, pero tú ni siquiera me notaste. Te veías cansado, absorto, lejos, triste. Quise acercarme, pero tuve miedo. Algo me decía que no era el mejor momento, y luego averigüé por qué. No estabas solo; ahí estaba ella, dándome la espalda y leyendo un libro, como a un metro de ti, mientras tú permanecías de pie, cual soldado ante el vaivén del vagón. Mi guardián de bata blanca y chamarra negra, que ahora sirve a otra reina.

Por un segundo sólo estábamos los tres en el universo. Tú, de pié combatiendo tu propio océano interno, ella, distraída leyendo, y yo, el fantasma de tus letras pasadas, que a veces no se resigna a dar vuelta a la página o arrancar la hoja del diario.

Sigo adelante y entiendo que no es posible hacer volver el tiempo. Sólo me resta confortarme en tus tinieblas, cobijarme en tu manto de oscuridad e historias, amándote a gritos con cada letra, cada pausa, cada punto y cada coma, mientras mi voz sigue en silencio, y mi corazón en tus manos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Web Analytics